Recuérdame


Las sinopsis de películas suelen ser burdos reduccionismos de aquello que verdaderamente esconde la trama de un filme. El caso de Recuérdame es un ejemplo que lo ilustra. Lo que se sabe es que es un drama romántico, con dos protagonistas centrales: Robert Pattinson (que aquÍ debuta como actor dramático, lejos de su personaje lúgubre de la saga vampiresca) y Emilie De Ravine, mejor conocida como la australiana embarazada en la serie Lost.

Tyler Hawkins (Pattinson) es un conflictivo joven de 21 años, que tiene una relación tempestiva con su padre, pero de corazón a corazón con su hermana menor.  Una noche conoce es encerrado por un policía, cuya hija logrará enamorar al muchacho. Ella es Allysa, una mujercita cuya madre fue asesinada a sangre fría adelante suyo cuando ella tenía solo 11 años. El compañero de cuarto de Tyler lo convence para que salga con ella y así vengarse del padre de la chica, un policía que los arrestó a ambos en una noche marcada por los malentendidos. Lo que ninguno de los dos se espera es que la relación dure y se afiance con el tiempo. Tyler comienza a recibir amor como nunca antes a través de Allysa, y hasta la relación con su padre se empieza a sanar.

Este es el punto donde la sinopsis pierde total razón de ser. Recuérdame es un poco lo antes contado y mucho más que eso. Se trata de una historia que involucra a dos familias, y como estas dos familias enfrentan la muerte de seres queridos en distintos momentos de la vida, e incluso de cómo esas pérdidas afectan sus vínculos. La relación entre Tyler y su padre, entre Alyssa y el suyo, luego cómo cada uno permite que el otro entre a su corazón y ayude a sanarlo, denota un guión que maneja muy bien los procesos psicológicos que tienen lugar en estos casos.

En Recuérdame se hace una pincelada de la violencia, la inseguridad, la falta total de compasión y moral por parte de algunos, la solidaridad y comprensión de otros, el sistema educativo y las desavenencias que se suelen sufrir por descubrir que uno es diferente a una temprana edad, la búsqueda  de la identidad y del amor en una edad bisagra de la vida humana, como son los 21.

Sin embargo, nada de aquello puede conseguir el efecto que los últimos diez minutos tienen sobr el espectador. Tal es el impacto que casi que recomendaría verla solo por esos escasos minutos, que provocan romper el televisor de lo emocionales que son. Los dejo con un pensamiento que marcó la película. Ghandi dijo: “Nada de lo que hagamos en nuestras vidas será significativo, pero tenemos que hacer algo de todas maneras”.

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